La Escuela de Pont-Aven

La amalgama de corrientes tendencias y estilos artísticos que conviven desde 1886, fecha de la última exposición impresionista, hasta los primeros años del siglo XX, se denomina, no sin cierta polémica, como Postimpresionismo, un término aplicado en 1910 por el crítico inglés Roger Fry a raíz de una exposición de cuadros franceses celebrada en Londres y que recogía obras de Gauguin, Van Gogh, Cézanne, Seurat, Signac y Sérusier entre otros.

Una de tantas ideas novedosas de este período fue el Simbolismo, con premisas como la huida de la realidad y el rechazo de la plasmación mimética de la naturaleza, así como el descubrimiento de nuevas culturas y civilizaciones mediante los grandes viajes fuera de la civilización moderna e industrial, tomando especial relevancia las culturas ancestrales y primitivas.

Sérusier: "Lavanderas en el Laïta", 1892

Sérusier: “Lavanderas en el Laïta”, 1892

Este ideal de evasión y búsqueda de lo rústico y lo primitivo tuvo un punto de encuentro en Pont-Aven, un pueblo de la Bretaña francesa que desde mediados de siglo se había convertido en una colonia de artistas de todas las procedencias, sobre todo en verano. Comenzaron a llegar gracias a la construcción del ferrocarril, buscando inspiración en los paisajes, en la vida campesina de sus habitantes y en las toscas iglesias e imaginería medievales, no hay que olvidar que Bretaña era entonces una región aislada y ancestral, de rígido catolicismo y de gentes vestidas con trajes tradicionales y los artistas podían disfrutar de un entorno pintoresco y virgen por un precio mucho más razonable que París.

Gauguin: "Molino en Pont-Aven", 1894

Gauguin: “Molino en Pont-Aven”, 1894

Paul Gauguin (1848-1903), pintor de padre francés y madre peruana, era aventurero, inquieto y gran viajero. Al conocer la obra de los impresionistas abandonó su trabajo de corredor de Bolsa para dedicarse a la pintura, colgando sus obras en las exposiciones del grupo. Era una persona muy interesada tanto por el arte primitivo como por el de Extremo Oriente o el egipcio.

Bernard: "Campesinos bretones en un prado", 1892

Bernard: “Campesinos bretones en un prado”, 1892

En verano de 1886 visitó Pont-Aven por primera vez, buscando el estado salvaje y primitivo que anhelaba, y se dedicó a pintar a la manera impresionista hasta que conoció a Émile Bertrand (1868-1941), un joven pintor apasionado por la Edad Media y especialmente por las vidrieras de colores de los templos góticos, que había desarrollado una pintura con figuras de gran simplificación, sin ningún modelado, de grandes manchas brillantes perfiladas con contornos oscuros, un estilo que él mismo denominó Cloisonnisme y que se basaba en las fórmulas de las estampas japonesas pero con una composición que recordaba a los vitrales emplomados medievales, con los colores separados por divisiones metálicas. Creaba unas pinturas totalmente alejadas de las normas tradicionales del realismo, con figuras planas, sin sombras y colores muy intensos. Bernard era un hombre muy culto e informado con el que todo el grupo de Pont-Aven podía mantener exquisitas conversaciones sobre historia, política, filosofía, estética o arte.

Gauguin: "Visión después del sermón", 1888

Gauguin: “Visión después del sermón”, 1888

El contacto con Bernard y su obra inspiró a Gauguin para buscar un lenguaje propio, superar el Impresionismo y pintar “La visión después del sermón: Jacob y el ángel” en 1888, un lienzo revolucionario, de gran repercusión e influencia en el resto de pintores instalados en Pont-Aven. El cuadro recoge la visión que sufren unas campesinas al salir de la iglesia y tras haber escuchado el sermón. La composición del cuadro consta de varias perspectivas yuxtapuestas, con grandes superficies de color liso y plano y con contornos oscuros. La escena representada está partida en dos por el tronco de un árbol que cruza en diagonal el lienzo, en la esquina superior se desarrolla la lucha de Jacob y el ángel en medio de un prado pintado de color rojo intenso y en la inferior se sitúan las mujeres que contemplan la escena, en primer plano, unas de espaldas y otras de perfil, con cofias blancas en sus cabezas y ocupando prácticamente la mitad del cuadro alterando la escala de proporciones. No hay ninguna sombra y los colores son alegóricos y nada reales, elegidos según el significado que han de tener o el estado de ánimo del pintor. El cuadro fue muy bien acogido por la crítica de la época.

Gauguin: “El Cristo amarillo”, 1889

Gauguin: “El Cristo amarillo”, 1889

Otro cuadro de Gauguin en Pont-Aven fue “El Cristo amarillo”, de 1889, en el que pintó a un crucificado tosco y hierático, como las figuras de culto populares y también con unos colores totalmente desvinculados de la realidad.

Gauguin: "La bella Ángela", 1889

Gauguin: “La bella Ángela”, 1889

“La Bella Ángela”, pintado en 1889 es un retrato de Marie-Angelique Satre inspirado en los grabados japoneses. La retratada está desplazada a un lado del cuadro y representada dentro de un óvalo, no hay ninguna perspectiva y la modelo está pintada de forma tosca y primitiva, por lo que rechazó el cuadro nada más verlo. El rostro de la señora es totalmente impersonal y contrasta con el detallismo de sus vestimentas bretonas. El cuadro fue comprado por Degas.

El artista se obsesiona por evitar toda relación entre sus obras y la realidad, para él la visión de un tema despertaba unas sensaciones, una forma y un color que luego reconstruiría en sus cuadros.

Gauguin: "Ronda de niñas bretonas", 1888

Gauguin: “Ronda de niñas bretonas”, 1888

Gauguin pronto se convirtió en el líder de los artistas de Pont-Aven, que siguieron sus enseñanzas al margen de la Academia, practicando un estilo al que llamaron sintetismo y que daba protagonismo a la línea, el color y la forma, inspirado en el arte medieval y, muy difusamente, en el simbolismo y con una temática eminentemente bretona. En 1889, coincidiendo con la Exposición Universal y aprovechando que todos los artistas de la avant-garde habían sido excluidos de sus pabellones, organiza la Exposición Volpini en los locales del café des Arts de París, con el nombre de “Pinturas del Grupo Impresionista y Sintetista”, expusieron, aparte del mismo Gauguin, pintores como Charles Laval, Émile Bernard o Émile Schuffenecker y resultó un completo fracaso siendo solo revalorizada posteriormente por la historia del arte.

Catálogo de la Exposición Volpini, 1889

Catálogo de la Exposición Volpini, 1889

Después de la exposición, Gauguin, buscando más tranquilidad, se trasladó a Le Pouldu, un núcleo de pescadores a unos pocos kilómetros de Pont-Aven, que comenzaba a saturarse de aspirantes a pintor. Allí le siguieron Meijer de Haan, Charles Filiger y Paul Sérusier y pasaron juntos todo el invierno. Esta sería la genuina Escuela o Grupo de Pont-Aven, unos pintores más o menos amigos conviviendo juntos, pintando, discutiendo y divirtiéndose. Los miembros del grupo generalmente trabajaban todo el día, al aire libre, y cuando se hacía de noche se mostraban los resultados unos a otros, embarcándose en largas conversaciones. Su arte se radicaliza, en su continua búsqueda de lo oculto y la sensación, reniegan del sintetismo y deciden seguir explorando nuevos estilos. Casi todos acabaron alojados en la Buvette de la Plage, una posada regentada por una mujer llamada Marie Henry, a la que los pintores rebautizaron como Marie Poupée. Actualmente se puede visitar una reconstitución de la posada que alberga un pequeño museo.

La Buvette de la Plage

La Buvette de la Plage

Reproducciones de los frescos de Gauguin y Meijer

Reproducciones de los frescos de Gauguin y Meijer

Meijer de Haan (1852-1895) fue un pintor holandés que, despues de visitar la Exposición Volpini y muy interesado por el simbolismo y el sintetismo, viajó a Bretaña para integrarse en el grupo de Gauguin y poder asimilar sus técnicas pictóricas. Meijer pertenecía a una rica familia judía de Amsterdam y mantenía económicamente a Gauguin a cambio de “cursos” de pintura. Comenzó a asimilar las ideas de Gauguin, adquiriendo el dominio del modelado mediante el color y animando los trasfondos introduciendo azules, malvas y rosas. Sus composiciones están a menudo dominadas por diagonales muy marcadas.

Meijer de Haan: "Maternidad: Marie Henry amamantando a su hija Marie-Léa", 1890

Meijer de Haan: “Maternidad: Marie Henry amamantando a su hija Marie-Léa”, 1890

Meijer se convirtió en el amante de la dueña de la posada y la pintó en el cuadro “Maternidad: Marie Henry amamantando a su hija Marie-Léa” en 1890. Él y Gauguin cubrieron las paredes del comedor del hotel de pinturas al fresco que fueron arrancadas y vendidas en 1924. Cuando su familia dejó de mandarle dinero, volvió a Holanda, donde murió a los 43 años de edad. Su obra ha tenido muy mala suerte y con el devenir de los años muchos de sus cuadros se vendieron, robaron o desaparecieron.

Meijer de Haan: "Naturaleza muerta con perfil de Mimi", 1890

Meijer de Haan: “Naturaleza muerta con perfil de Mimi”, 1890

Charles Filiger (1863-1928) se trasladó de París a la zona de Pont-Aven y se instaló en el Hotel de Marie Henry junto con los demás pintores en un ambiente de gran camaradería.

Su obra no es muy extensa, se dedicó principalmente al pequeño formato y era muy meticuloso en sus trabajos, que tienen cierto aire místico y espiritual. Aparte de óleos, pinto muchas acuarelas y gouaches sobre papel o sobre cartón.

Charles Filiger: "Paisaje de Le Pouldu", c. 1892

Charles Filiger: “Paisaje de Le Pouldu”, c. 1892

Paul Sérusier (1864-1927) se trasladó también desde París a Pont-Aven buscando un ambiente más primigenio y rural, encontrándose con Gauguin del que aprendió el uso exagerado de los colores. Bajo su supervisión pintó en 1888 su obra más emblemática, “El talismán”, en la tapa de una caja de madera. Representa un bosque, un paisaje sin forma y de colores puros, sin mezcla que es un verdadero anticipo del arte abstracto. En el proceso de creación de la obra Gauguin aconsejó a Sérusier que pintara lo que él quisiera, sin necesidad de que fuera algo referido a la realidad, “Arte es lo que tú ves, la emoción que te produce” le dijo. La obra causó conmoción en París y se exhibía como un tesoro, de ahí que la llamaran “El talismán”.

Sérusier: "El Talisman", 1888

Sérusier: “El Talisman”, 1888

El cuadro fue esencial para la creación del grupo de Los Nabis, palabra hebrea que significa profeta, considerado como un nuevo movimiento simbolista que dominaría el panorama artístico parisino durante la década de 1890 y cuyas características básicas eran el espíritu de síntesis, arremetiendo contra las reglas establecidas del ilusionismo, la ornamentalidad y la aplicación de colores intensos que no se corresponden con la realidad, ignorando las tonalidades y los volúmenes. El éxito de los Nabis se debió en gran parte a que pintaban temas tradicionales o religiosos, muy del gusto de la burguesía de la época. Una de las obras principales del movimiento es “Las Musas”, pintada por Maurice Denis en 1893.

Maurice Denis: "Las Musas", 1893

Maurice Denis: “Las Musas”, 1893

En 1889 Gauguin, obsesionado por encontrar la autenticidad de lo primitivo, se marchó por primera vez a Tahití y el grupo de pintores se dispersó.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: