La escultura gótica en Francia

En la época románica, articulada en torno al año 1000, se estaba produciendo una progresiva ruralización de la sociedad y una pauperización de los núcleos urbanos europeos. Eso se plasmó por un lado en la aparición de una red de monasterios que gestionaban grandes territorios en los que desbrozaban los bosques para convertirlos en tierras cultivables, y por otro lado en el arremolinamiento de pequeños pueblos en torno a castillos feudales en busca de protección. Fue una época en la que Europa se vio afectada por grandes invasiones y guerras que, junto a las muchas epidemias que hubo, asolaron y diezmaron a la población.

La principal obsesión de aquellos habitantes, totalmente sometidos al control religioso, era la salvación eterna de su alma y la estatuaria románica la reflejaba mediante la representación de seres amenazantes con mensajes de miedo y advertencias de eternos sufrimientos si no se seguía la senda marcada por la Iglesia. Se trataba de una escultura totalmente simbólica en la que la cuestión estética era muy secundaria, ya que intentaba representar la concepción de aquel mundo lleno de malos augurios e iba dirigida fundamentalmente a la instrucción de unos fieles que en su mayoría, tanto los ricos como los pobres, eran analfabetos. El ámbito principal de la escultura en piedra del Románico fueron las portadas abiertas en las fachadas de las iglesias y, en menor medida, los claustros de los monasterios. La Maiestas Domini, o Cristo Juez, era una de las imágenes más recurrentes. Las figuras eran intencionadamente antinaturales e incluso desproporcionadas para que no recordaran al mundo real y los fieles ni cayeran en el pecado de la idolatría ni se distrajeran con la belleza artística. El mensaje debía llegar a ellos claro y directo.

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A finales del siglo XI comenzó a producirse un gran auge urbano en Europa. Hubo varios factores históricos que propiciaron el resurgir de las ciudades. En primer lugar, las consecuencias de las Cruzadas en Tierra Santa, entre 1096 y 1296, que fueron fatales para los nobles rurales, ya que muchos de ellos regresaron arruinados de la contienda o, simplemente, no regresaron nunca, lo que generó el declive de muchos territorios y la emigración de sus poblaciones hacia las ciudades. El segundo factor fue la reforma de la iglesia del Papa Gregorio VI en 1075, que decretó que los obispos debían ser nombrados por él y no por los Príncipes, lo que convirtió a la iglesia en una organización omnipotente y omnipresente en la sociedad, gobernada desde Roma y sin dirigentes influenciados por la nobleza. Los obispos, a la cabeza de las diócesis, fueron los que encargaron la construcción de las grandes catedrales góticas, un fenómeno totalmente urbano que, allá donde se producía, ejercía un efecto llamada a todo un ejército de trabajadores que acababan dinamizando la vida de la ciudad. Otro factor importante fue el fenómeno de las grandes peregrinaciones a lugares santos. En concreto los núcleos de población ubicados en el Camino Francés de Santiago comenzaron a enriquecerse debido al gran movimiento de peregrinos y al negocio con todos los servicios que estos necesitaban. El último factor, y no por ello menos importante, fue el aumento del comercio debido a la mejora de las vías de comunicación y el avance tecnológico de los medios de transporte y navegación, lo que provocó el crecimiento, sobre todo de las ciudades con puertos marítimos y de aquellas en las que se celebraban ferias.

Todo esto hizo despuntar a una nueva clase urbana acomodada formada por médicos, profesores, banqueros, funcionarios o comerciantes sin nobleza conocida como burguesía y que era un conjunto de nuevos ricos muy influyentes en su entorno que tenían acceso a la cultura y se convirtieron en mecenas de las artes. esto transformó la mentalidad de la sociedad y el sentido del arte, parte del cual dejó de estar controlado por la iglesia y se dirigió hacia un modelo más centrado en el individuo.

El auge de las ciudades también llevó consigo un despertar intelectual, cuya máxima expresión fue la aparición de las Escuelas Episcopales y de las Universidades. La renovación cultural se basó en la irrupción del aristotelismo, en la recuperación de la dialéctica y en la aparición del método escolástico, lo que provocó una revalorización de la razón humana como instrumento de indagación y conocimiento del universo e hizo que la reflexión teológica se centrara en la naturaleza humana de Cristo. Se produjo la irrupción de una forma de observar el mundo y la naturaleza más profunda, sistemática, rigurosa y científica.

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Otra influencia muy importante en la derivación hacia el naturalismo de las obras artísticas, fueron los textos de San Francisco de Asís (1181/2 – 1226), que planteaban una unidad entre Dios y la Tierra, entre el mundo celestial y el terrestre, donde las cosas reales eran un reflejo de las cosas divinas y en el que la Naturaleza hacía de intermediaria entre Dios y el hombre y se convertía en un espacio de hermandad donde todos sus elementos, desde los animales hasta los ríos, las montañas, los vegetales y las estrellas del firmamento debían ser apreciados y amados por el hombre.

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En este nuevo contexto se abandonó la idea románica de que todo aquello que afectaba a la materia era sinónimo de malo. El temor al infierno del año mil dejó de ser una obsesión. Los sentimientos de miedo, angustia y dolor fueron sustituidos por otros más confiados y alegres. Se dejó de implorar a un Dios justiciero, para pasar a disfrutar del gozo de una vida acorde con los preceptos de la iglesia. Las figuras parecían dar la bienvenida a los fieles en el acceso a la iglesia, una bienvenida alegre, llena de ángeles sonrientes y personajes de gestos amables.

La escultura comenzó a mostrar figuras convincentes que los fieles pudieran identificar por sus vestiduras y atributos y hubo un intento de dotar de vida a la piedra. Los personajes dejaron de ser atemporales y universales como en el Románico y se acercaron más a lo que serían las personas normales y mortales, con vestiduras a la moda. También se buscó una individualización de los rostros y unas actitudes y poses lo más creible posibles.

Se produjo un progresivo naturalismo, más idealizado que real,  ya que las figuras eran estilizadas y alargadas, abandonándose la rigidez anterior e intentando que reflejaran sentimientos y se volvieran más humanas. Las posturas se amaneraron y comenzó a representarse el movimiento tanto a nivel anatómico como en lo que respecta a los pliegues de las telas.

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El Hombre Universal. Hildegard von Bingen. Liber Divinorum Operum

El fenómeno artístico gótico nació en Ille-de-France, una de las regiones más ricas de la Europa Occidental de la época. Entre los siglos XII y XIII se empezaron a construir en Francia más de ochenta catedrales góticas, y la escultura se centró en sus portadas, que los artistas llenaron de figuras de personajes bíblicos, sabios y filósofos de la Antigüedad, caballeros, reyes, apóstoles, santos y demás personajes sobrenaturales de la iconografía cristiana que representaban a la Iglesia Triunfante con la Jerusalén celeste bajando a la tierra, tal como se narraba en el Apocalipsis bíblico. También se representaban elementos profanos como animales, vegetales, monstruos, signos del zodíaco o las estaciones y los trabajos del campo, fundamentales en el ciclo vital de las personas de la época, ya que no hay que olvidar que, a pesar del auge de las ciudades, la sociedad y la economía continuaban siendo eminentemente agrícolas.

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Cuanto más alto del edificio trabajaban, más imaginativos eran los escultores. Abajo estaban obligados a representar temas teológicos impuestos por los responsables del edificio, pero arriba se sentían libres para representar la vida cotidiana del momento, esculpiendo figuras con los rostros de sus conocidos o caricaturas de los canónigos. La vida representada en las partes altas de las catedrales es alegre y divertida, todo lo contrario de la imagen oscura que nos ha llegado  a la actualidad de la Edad Media.

En las fachadas principales las portadas solían componerse de tres puertas en vez de una sola, cada una de ellas decorada con un conjunto escultórico independiente pero acorde con el tema general de todo el conjunto. Las esculturas se iban encargando y realizándose por grupos, empezando normalmente por las de las jambas de los tres portales y, una vez instaladas, seguir con los tímpanos, uno detrás de otro. Se intentaba que cada grupo estuviese listo en un período de uno o dos años y que tuviera unas características homogéneas. Los trabajadores encargados de la construcción estaban organizados por especialidades en gremios y eran muy herméticos unos con otros. Sobre las portadas aparecieron las Galerías de Reyes, compuestas por una fila de figuras que cruzaba en horizontal toda la fachada.

En los tímpanos se instalaba el tema central, que frecuentemente era el Pantocrátor, el Cristo juez en majestad, el Tetramorfos o el Tránsito de la Virgen. Dicho temase complementaba en las arquivoltas, con los ancianos del apocalipsis y los Apóstoles. También apareció el parteluz, un elemento arquitectónico que partía el vano de la puerta en dos y donde solía colocarse una imagen de la Virgen o del Cristo Salvador, dando la bienvenida a los feligreses que accedían al interior del templo. Finalmente en los lugares secundarios se colocaban los elementos profanos.

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Las mujeres dejaron de representarse como personajes diabólicos y tentadores. Ellas, apoyadas por algunos sacerdotes, comenzaron a luchar para ser consideradas como parte de la comunidad de los fieles y, de la mano de las representaciones de la Virgen o de María Magdalena, la mujer pasó a formar parte de la estatuaria de manera positiva. De hecho, casi todas las catedrales se dedicaron a la Virgen María, modelo a seguir tanto por las mujeres como por los hombres. El clero cultivaba el culto a una virgen madre y protectora de todos. Los escultores representaron a las mujeres de manera sexuada. Eva podía representarse desnuda y a las Vírgenes y santas se les adivinaban los pechos debajo del manto. Los rostros eran cercanos porque seguramente tomaban como modelos a mujeres próximas, como esposas, hijas o vecinas. Este proceso de rehabilitación de la imagen de la mujer corrió paralelo a la aparición del amor cortés, un concepto literario cantado por los trovadores que expresaba el amor de manera caballeresca, noble y sincera entre miembros de la aristocracia. Por supuesto no hay que confundir estos gestos con cualquier posible emancipación o igualdad de la mujer de la época, nada más lejos de la realidad.

Hay que destacar que, aunque estemos acostumbrados a ver las catedrales con el color uniforme de la piedra con la que se construyeron, en realidad estaban pintadas con vivas policromías. Las portadas eran una explosión de colores que comenzaron a degradarse en el siglo XVI, hasta casi desaparecer por completo.

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Si bien el tratamiento y la estética fueran diferentes, las temáticas eran muy similares a las del Románico. Los temas de la vida de Cristo eran los más repetidos, sobre todo los referentes a la Pasión. Los crucificados eran muy frecuentes y se representaban con muchas heridas en todo el cuerpo, la corona de espinas, el paño de pureza y un solo clavo que le atravesaba los dos pies. Los escultores creaban figuras retorcidas que expresaban el dolor físico y humano de Jesús, algo impensable en la época románica, ya que eso significaba que Jesucristo ya no era solo Dios, sino que también era hombre.

Respecto a los temas marianos, La Virgen, como madre humana de Jesús, adquirió un gran protagonismo durante la época del gótico. Casi siempre se esculpía con el niño Jesús en brazos, interactuando los dos en escenas de gran humanidad. Se hicieron ciclos escultóricos enteros dedicados a la vida de la Virgen, desde su nacimiento a su muerte o Tránsito. También se representó mucho la idea del Compasio Mariae, que consistía en la Virgen (madre) presente en la Pasión de su hijo, tema que acabó generando la aparición de “las piedades”.

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El énfasis en la captación de la humanidad de Cristo y los Santos hizo que cada vez se esculpieran motivos más episódicos o anecdóticos de sus vidas, recurriendo muchas veces a textos y evangelios apócrifos que ofrecían escenas muy del gusto muy popular. También fueron muy representadas las escenas de martirios de santos, casi todas sacadas de la “Leyenda Dorada” del fraile Vorágine. No hay que olvidar que la mayoría del público continuaba siendo analfabaeto y que las imagenes de las iglesias actuaban como un libro o catecismo, al igual que en épocas anteriores.

Otras muestras de escultura gótica fueron los sepulcros de burgueses, reyes y nobles, que podían ser adosados o exentos. Todos solían tener la misma composición, una cama funeraria, apoyada en patas con formas de animales y decorada con relieves encima de la cual se colocaba una figura yacente en posición orante. Algunas se cubrían con un dosel o templete, dependiendo del poder económico de la familia que las encargaba. Otra muestra relevante fueron las sillerías de los coros, realizadas normalmente en madera tallada de nogal y también los retablos, aunque, al estar hechos de madera, tanto unos como otros fuern más susceptibles de desaparecer a lo largo de la historia.

El final de la era de las grandes catedrales góticas en Francia se produjo a consecuencia de la fuerte crisis económica provocada por la Guerra de los Cien Años. Varios factores influyeron en ello. Por un lado los arquitectos dejaron de construir catedrales y pasaron a diseñar fortalezas y estructuras defensivas para la guerra, al igual que muchos escultores o canteros se dedicaron a esculpir balas de cañón o, simplemente a otras labores que les permitieran subsistir, por otro lado, se acabó el dinero necesario para financiar obras de tanta envergadura.

Pasada la guerra ya nada fue igual. Los ricos comenzaron a construirse castillos en los que vivir seguros que con los años acabaron convirtiéndose en palacios. Estaba empezando la Edad Moderna y ellos solo se preocupaban de mantener su poder y estatus,  dedicando sus ingresos a enriquecer sus residencias. Como mucho pagaban capillas particulares, pero ya no templos enteros. La gente adinerada, muy alejada ya del pueblo, se recreaba en el lujo, despreciando el arte anterior al que llamaron despectivamente “gótico”, es decir, arte de Godos, bárbaros.

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PRINCIPALES OBRAS

ABADÍA DE SAINT-DENIS DE PARÍS:

La primera construcción gótica de la historia fue el deambulatorio de la abadía benedictina de Saint-Denis, edificado entre 1135 y 1144 por orden del influyente abad Suger, gran apasionado de la arquitectura. La intervención fue el inicio de una serie de reformas de la vieja iglesia carolingia que acabó convirtiéndose en un esplendoroso templo gótico elevado con novedosas técnicas constructivas. La impresión de las clases dominantes ante la magnífica arquitectura fue tan grande, que el rey ordenó la construcción de más catedrales con ese estilo por toda la Ille-de-France.

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Totalmente ligada a la reforma arquitectónica de Saint-Denis, se introdujo por primera vez la escultura gótica. En la fachada principal, llamada el Pórtico Real, se abrieron tres grandes puertas de acceso decoradas con motivos escultóricos que, como se ha explicado antes, no diferían mucho de los que se habían venido haciendo en la época del Románico. En la puerta central se esculpió el tema del Juicio final. En su tímpano se colocó a Cristo flanqueado por la Virgen y los Apóstoles, en las arquivoltas se esculpieron los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis colocados de manera radial y a los lados de la puerta se instalaron imágenes de las Vírgenes Prudentes y Necias. En el tímpano de la Portada Meridional se esculpió la escena de la última comunicación de San Dionisio a sus compañeros Rústico y Eleuterio y las jambas se decoraron con escenas del calendario. De la Portada Septentrional poco se puede comentar porque está muy modificada por las nefastas restauraciones emprendidas por Violet-le-Duc y su equipo en el siglo XIX, aunque se sabe que en su momento se decoró con mosaicos, algo muy inusual en la Francia de la época y que no se volvió a repetir en ninguna otra catedral gótica.

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Por lo que respecta a las innovaciones escultóricas, a los lados de las tres portadas se colocaron veinte estatuas-columnas, cuatro a cada lado de la portada central y tres a cada lado de las portadas laterales. Las figuras representaban a reyes, reinas y profetas del Antiguo Testamento y supusieron una novedad fundamental en su momento, convirtiéndose en un elemento característico en la mayoría fachadas góticas. La serie escultórica unificaba las tres portadas de la fachada y proclamaba el carácter real de la Abadía, que era lugar de enterramiento de los Reyes de Francia desde hacía siglos. Otras novedades muy repetida posteriormente fueron la introducción de figuras en el parteluz de las portadas y en las arquivoltas.

Todas las estatuas-columnas fueron retiradas a lo largo del siglo XVIII y se sabe cómo eran gracias a los dibujos realizados por Antoine Benoist a principios de dicho siglo. Solo han sobrevivido algunas cabezas, actualmente expuestas en diversos museos, con rasgos escultóricos similares, como los globos oculares con pupilas excavadas muy profundas y las cabelleras formadas por acanaladuras vermiformes muy delgadas.

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Conociendo las modestas características de la escultura románica en la región de Ille-de-France y comparándolas con las figuras del Pórtico Real, es de suponer que el Abad Suger hizo traer a artesanos de otros lugares de Francia para ejecutar su proyecto, de hecho, se han establecido coincidencias muy claras entre los rasgos estilísticos de las esculturas de Saint-Denis y las de la zona del Languedoc, en iglesias de Saint-Etiene, Toulouse, Vézelay o Moissac.

PORTADA REAL DE LA CATEDRAL DE CHARTRES:

Se cree que se construyó entre 1140 y 1150. La portada es una de las pocas partes que sobrevivió a un incendio que arrasó la antigua catedral románica en 1194. La decoración es muy austera, muestra un carácter muy unitario y tiene una gran claridad compositiva. El estilo es de transición entre el románico y el gótico y está inspirado en Saint-Denis. Las figuras continúan siendo hieráticas pero se vislumbra cierta humanización e individualización en ellas y ya no son amenazantes, sino más serenas, como invitando al fiel a entrar a la iglesia. Por suerte, las restauraciones del siglo XIX no la desvirtuaron, llegando hasta nuestros días prácticamente con su diseño original.

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Portada Real de la Catedral de Chartres, 1140.

En la portada central, el tímpano está ocupado por una figura de Cristo Pantocrátor en el Juicio Final dentro de una mandorla con el Libro de la Vida en la mano y rodeado por los símbolos de los Evangelistas. En las jambas hay estatuas-columnas muy rígidas de reyes mezclados con personajes bíblicos, para simbolizar el parentesco entre la realeza y Dios.

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La portada meridional, dedicada a la pureza de María, es novedosa porque en su tímpano se colocó a la Virgen con el Niño flanqueados por dos ancianos en lugar de la figura de Cristo. En las arquivoltas se esculpieron las escenas de la Anunciación y la Natividad, en las que, curiosamente se incluyeron figuras de pastores, algo inusual, ya que los hombres comunes rara vez habían tenido cabida en las esculturas religiosas. También hay ángeles, la personificación femenina de las Siete Artes Liberales, la personificación masculina del Trivium y el Quadrivium y varias figuras de sabios de la antigüedad. Los capiteles de la puerta se labraron con escenas de la Pasión.

La portada septentrional no se sabe si está dedicada a la Ascensión de Cristo o a su segunda venida. En el tímpano se le esculpió sobre una nube, rodeado de ángeles. A sus pies hay diez figuras sentadas que se han identificado con los Apóstoles porque llevan libros y pergaminos en las manos. Las arquivoltas están ocupadas por elementos profanos que representan los signos del zodíaco y las labores relacionadas con los meses, temas muy extendidos en la época románica.

BUEYES DE LA CATEDRAL DE LAON:

La Catedral de Laon empezó a construirse justo después de la reforma de Saint Denis, en el año 1155. En la parte superior de las torres de la fachada principal se esculpieron unos bueyes a tamaño natural con un significado ambiguo. Tal vez podrían representar un supuesto milagro consistente en la aparición repentina de un buey que ayudó a transportar las piedras con las que se construyó la catedral, o tal vez solo son un homenaje a la colaboración de estos animales.

Los bueyes son significativos para entender como los responsables de aquellas construcciones tenían el concepto de que la superficie de una catedral era como un gran libro en el que plasmar todo tipo de cosas que transmitieran información al pueblo.

La portada principal contiene figuras del primer gótico, pero las reformas a lo largo de su historia, sobre todo en el siglo XIX desvirtuaron mucho todo el conjunto.

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Su construcción está datada entre 1210 y 1220. La fachada entera tiene una gran pureza de líneas y es muy equilibrada. Las esculturas se localizan solo en las portadas y la galería de los reyes, dejando el resto de la portada liso. Al ser la iglesia principal de la ciudad, toda la obra es de una extraordinaria calidad y es un referente para la escultura gótica de toda Europa.

La Portada sur, o de Santa Ana, se construyó al mismo tiempo que las otras pero con esculturas y relieves reaprovechados de construcciones anteriores, por lo que es idónea para conocer las características del primer gótico.

En el parteluz hay una escultura claramente románica, muy hierática de San Marcelo lanceando a un dragón. El tímpano es como un puzle de piezas escultóricas diferentes en cuyo centro hay una Virgen Theotokos de reminiscencias románicas, con el Niño Jesús en su regazo y bajo un baldaquino con estructuras arquitectónicas representando la Jerusalén Celestial. La Virgen aparece flanqueada por dos ángeles turiferarios y por las figuras de un obispo con un escriba y un monarca arrodillado que se cree que son del siglo VI. En la parte intermedia del tímpano hay un relieve tardorrománico con el Ciclo de la Natividad y en la parte inferior un friso plenamente gótico con la historia de San Joaquín y Santa Ana. En las jambas se representan figuras de reyes y reinas todas situadas bajo doseletes.

La portada central está dedicada al Juicio Final y su tímpano está dividido en tres registros horizontales, el inferior muy modificado en el siglo XIX. En el nivel superior hay una figura de un Cristo muy humanizado mostrando las llagas de sus manos. Jesús deja de ser simplemente un Juez implacable como en el Románico y se convierte además en un ser redentor. Como es habitual, la imaginación de los artistas se desbordó en las figuras infernales y además realizaron un gran trabajo etnográfico al representar a los muertos saliendo de las tumbas con vestiduras que identifican su condición social y sus oficios. Los condenados aparecen esculpidos en la arquivoltas de la parte izquierda formando un conjunto que da una sensación de caos, desorden y agitación, mientras que los bienaventurados aparecen en las arquivoltas de la derecha, representados de manera más tranquila y ordenada.

Las figuras de las jambas son del siglo XIX y a sus pies se esculpe la parte más profana de la portada, porque era el lugar más visible para los fieles que entraban al templo, por eso se labraban motivos moralizantes de manera muy didáctica y comprensible. Hay una representación de los vicios, de las virtudes y de algunos personajes sagrados con gran fuerza mitológica y simbólica.

La portada norte, dedicada a la Virgen, está muy modificada al igual que la Galería de los Reyes situada arriba de las portadas y debajo del rosetón. Ambas resultaron muy dañadas durante la Revolución Francesa y se reconstruyeron en el siglo XIX, mezclando réplicas de las figuras que habían sido destruidas con otras inventadas sin ningún criterio científico ni respeto. Muchos restos de las originales están expuestos en el Museo de Cluny.

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La parte superior del edificio está poblada de numerosas gárgolas con forma de seres fantásticos, animales y personajes grotescos cargados de un fuerte simbolismo. Aparte de ser los elementos en los que más libertad creativa tenían los picapedreros, las gárgolas tenían la función espiritual de proteger a los fieles espantando a los demonios y a las fuerzas del mal que desde el exterior intentaban atacar la catedral. No hay que confundir estas esculturas medievales con las Quimeras, que son estatuas de demonios, la mayoría añadidos en el siglo XIX, que parecen contemplar la ciudad desde las alturas y junto a las que se fotografían los turistas que suben a los tejados de Notre-Dame.

CATEDRAL DE REIMS:

Era la catedral donde se coronaba a los reyes de Francia, por lo que se puso mucho esmero en su arquitectura y, sobre todo, en su riqueza escultórica. Se han contado 2.303 estatuas en todo el edificio, una cifra verdaderamente apabullante solo superada por Chartres. En ella trabajó el “Maestro de la Sonrisa”, llamado así por la amabilidad y bondad de los rostros de casi todas las figuras esculpidas. El edificio gótico se construyó más o menos entre el año 1211 y el 1275. Se cree que todo el conjunto escultórico se realizó entre 1225 y 1245.

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La fachada principal está dedicada a la Virgen María y está profusamente decorada con estatuas por toda su superficie. Curiosamente, los tímpanos de las portadas están ocupados por rosetones y vanos con tracería en lugar de piedra con relieves. Las figuras de los ángeles sonrientes de la catedral de Reims han sido muy estudiadas debido a la humanidad y el optimismo que rezuman, fruto de la nueva concepción teológica, alejada del terror milenarista del Románico.

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Portada de la catedral de Reims.

Destacan dos escenas representadas en las jambas del pórtico central, la Anunciación y la Visitación de la Virgen. Cada una está compuesta por dos esculturas que parece que estén dialogando entre ellas, con poses en contrapposto y expresiones individualizadas. La rigidez de las estatuas-columnas ya ha quedado muy atrás y las figuras están llenas de vida. En la primera, con una ejecución muy dinámica para la época, el ángel de la Anunciación inclina la cabeza hacia María mientras se recoge la túnica con una mano, mientras que la Virgen lo mira con atención. Es el “Ángel de la Sonrisa”, tallado entre 1236 y 1245. La figura es tan famosa que se ha convertido en el símbolo de la ciudad y es un ejemplo destacado de las nuevas artísticas de la época.

En la segunda escena, de una factura más clásica, Isabel y María parecen dos matronas romanas y sus vestidos recuerdan a la técnica de los paños mojados. Los rasgos de Isabel están esculpidos como los de una mujer mucho más mayor que María, tal como narra el Evangelio. Las cuatro estatuas son de bulto redondo, exentas y colocadas sobre peanas en el muro. Originalmente estuvieron policromadas y aún conservan restos de ello.

La típica galería de los reyes está situada la parte superior de la fachada, por encima del rosetón y muestra a los sucesores del Rey Clodoveo I, fundador de la primera dinastía de reyes franceses, bautizado en Reims y esculpido en el mismo centro de la galería, mezclados con los reyes de Judá, con la intención de vincular la monarquía con el derecho divino. Todos los reyes están bajo doseletes de arcos apuntados.

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CATEDRAL DE AMIENS:

Su portada principal, conocida como la Puerta Dorada, es el punto culminante del gótico francés, comenzó a construirse alrededor del año 1240. Consta de tres portadas separadas por los dos grandes contrafuertes que sujetan la fachada y con un abocinamiento muy profundo, lo que hace que se multiplique el número de arquivoltas. El estilo de todas las esculturas que la decoran es muy homogéneo. Las portadas están coronadas con unos frontones triangulares en cuyo interior se esculpieron figuras de tréboles. El conjunto catedralicio está muy modificado por las intervenciones ordenadas por Viollet-le-Duc , aunque las esculturas se mantienen bastante fieles a su concepción original.

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El portal central está dedicado al Juicio Final y es extremadamente abigarrado. La escena del tímpano, dividida en tres niveles, está dominada por la figura de un Cristo Juez entronizado en su parte superior, a los pies del cual hay esculpidas multitud de figuras representando a condenados, bienaventurados, monstruos, santos, ángeles y demonios. En las dovelas de las numerosas arquivoltas están esculpidos el cielo y el infierno con gran imaginación y en las jambas se sitúan las figuras de bulto redondo de los apóstoles y los profetas mayores situadas sobre peanas y bajo doseles imitando arquitecturas. El parteluz está ocupado por una escultura de gran belleza de Cristo Salvador bendiciendo a los fieles conocida como “le Beau Dieu d’Amiens”, en la que se representa como un varón con rasgos de la zona, cabellos lacios y barba puntiaguda, muy del estilo de los gentilhombres de la época.

El portal norte está dedicado a San Fermín, obispo de Amiens en el siglo IV, que está esculpido en el parteluz. El tímpano también está dividido en tres niveles con escenas sobre la vida del santo. En las jambas hay figuras en bulto redondo de aquellos santos cuyas reliquias se guardan en la catedral.

El portal sur está dedicado a la Virgen María, representándose escenas de su vida. En el parteluz hay una escultura de la Virgen muy hierática. Las figuras de las jambas situadas en la parte izquierda de la puerta son las más destacables de toda la portada. Están emparejadas e interactuando entre ellas, como las de la catedral de Reims y representan las escenas de la Anunciación, la Visitación y la Presentación de Jesús en el Templo.

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Los bajos de los tres portales están ricamente decorados con medallones que contienen historias bíblicas, signos del zodíaco y escenas agrícolas. A mitad de la fichada se encuentra la la Galería de los Reyes, con veintidós figuras de difícil identificación, datadas en la primera mitad del siglo XIII y bastante desproporcionadas.

Las partes altas de la catedral, al igual que en todas las demás, están llenas de gárgolas y quimeras representando demonios y seres grotescos aparte de unas figuras conocidas como “Reyes Músicos” dispersas por todas las cubiertas del edificio y que representan a unos alegres artistas tocando instrumentos en loanza al Señor.

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En la portada del brazo sur está la escultura de la Virgen Dorada, datada en 1288 y una de las obras cumbres del arte gótico. Está colocada en el parteluz de la puerta. No hay ni rastro de la rigidez inicial y la Virgen está representada como una grácil doncella sonriente y de dulces movimientos que tiene en sus brazos a un Niño Jesús representado como si estuviera jugando con su orbe. Ambas figuras se miran mutuamente, produciéndose una interacción totalmente novedosa entre las dos. El conjunto se completa con varios ángeles sonrientes que están ayudando a la Virgen a colocarse la corona. Originariamente estuvo pintada de color dorado, de ahí su nombre.

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LA CARTUJA DE CHAMPMOL:

Es un monasterio cercano a Dijon fundado en el año 1383 con el fin de ser el Panteón Real de los Duques de Borgoña. La portada, realizada por Klaus Sluter entre 1385 y 1393 está decorada por solo cinco figuras de gran tamaño. En las jambas de la izquierda están Juan el Atrevido y San Juan y en las de la derecha están Margarita, esposa de Juan, junto con Santa Catalina. En el parteluz hay una portentosa estatua de la Virgen María. Todas ellas sobre peanas decoradas y bajo doseles. El tímpano, a diferencia del de las grandes catedrales, no tiene decoración, es una pieza lisa. Este esquema está inspirado en las tablas de pintura gótica flamenca.

Las caras de los nobles son retratos fieles de los personajes y aparecen en actitud orante, arrodillados mirando con respeto a la Virgen del parteluz y con un tamaño menor. Los santos que los protegen están de pie detrás de ellos. Las cinco figuras están conectadas e interactuando y son las protagonistas absolutas del conjunto. Aquí no hay una subordinación de la escultura a la arquitectura. Las esculturas con su monumentalidad y su dinamismo acaparan toda la atención del visitante.

En el claustro de la Cartuja se encuentra el Pozo de Moisés, una obra maestra de la escultura del final del gótico, realizada también por Sluter entre 1395 y 1403. Se trata la base de un calvario monumental ahora desaparecido. Está compuesto de una enorme peana hexagonal decorada con las estatuas de Moisés, David, Daniel, Isaías, Jeremías y Zacarías. Sobre esta base estaban situadas las estatuas de Jesús, Juan y María, de las que solo quedan algunos pedazos.

Las figuras del pozo crearon escuela por su naturalismo, ya muy cercano al del Renacimiento del siglo XV y XVI. Una de las características principales de las obras de Sluter es el realismo de los rostros y el tratamiento de los pliegues de las ropas, que le dan una apariencia robusta y pesada.

ESCULTURAS CORTESANAS:

Durante la primera mitad del siglo XIV la escultura deja de estar al servicio del clero y comienza a gestarse una escultura cortesana, de carácter ornamental. Son encargos de particulares que formaban parte de la monarquía o la nobleza. Se trata de pequeñas estatuas de temática religiosa para el culto privado. Hay gran variedad de ellos, vírgenes, santos, crucificados o ángeles, hechos con gran delicadeza y gracia, la moyoría esculpidas con materiales nobles, sin policromar, solo decoradas con oro. En esta época comienza a reducirse la producción de escultura monumental.

ARTE FUNERARIO:

Con la subida al trono de Carlos V el Sabio, en 1364, París se convierte en el centro creador donde se definen las tendencias artísticas del momento. Las pocas obras que nos han llegado de aquella época tienden al realismo.

Artistas como Juan de Lieja o André Beauneveu se hicieron famosos, sobre todo por sus esculturas funerarias, como las estatuas yacentes de las entrañas de Carlos IV y Juana de Evreux (1370), en las que se manifiesta el estilo de Lieja, con rostros muy fieles a la realidad, las manos muy logradas y la cadencia de los tejidos. También destaca la escultura yacente de la tumba de Carlos V, de Beauneveu, de escala monumental y extremadamente detallista.

Otra obra fundamental es el sepulcro de Felipe el Atrevido proviniente de la Cartuja de Champmol, encargado en 1381 a Jean de Marville, continuado en 1389 por Claus Sluter y acabado por Klaus de Werve en 1410. El sepulcro combina piedras de diferentes colores, mármol negro para la caja y alabastro blanco para las figuras y arquitecturas esculpidas.

Se compone de una caja sepulcral rectangular con una decoración compuesta por parejas de figuras de llorantes de bulto redondo colocadas entre arquitecturas góticas. Las figuras representan la procesión del entierro del Duque, son nueve clérigos y monaguillos, dos militares y una treintena de familiares. Cada una de ellas se esculpió individualmente y es el retrato de un personaje real, por lo que podrían identificarse perfectamente. Sluter plasmó los sentimientos de cada una de las figuras que aparecen rezando, con caras de tristeza, algunas ensimismadas y otras comunicándose con gestos entre ellas.

Encima de la caja se colocó una figura yacente del difunto realizada por Klaus de Werve y que destruida durante la Revolución Francesa. Actualmente hay una réplica. La figura tiene un león a sus pies, símbolo del status real del personaje, y dos ángeles policromados junto a su cabeza.

 

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