Tapiz de la Creación de la Catedral de Girona

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Es la pieza capital y más conocida de la Catedral de Girona. Se le denomina “de la Creación” por el tema de la parte que se conserva y podemos visitar en el museo, un paño de 4,70 x 3,65 metros que, según algunos estudiosos, podría haber tenido unas dimensiones originales de el doble de lo que queda.

El origen del tapiz es incierto, no se sabe cuando apareció en la catedral, ya que no figura en ningún libro inventario de la misma, además, la primera alusión escrita del mismo es del siglo XVI, por motivo de una visita del Emperador Carlos V, en la cual se narra que le gustó tanto la pieza al emperador que volvió a la catedral solo para contemplarla. En dicho escrito se le nombra como “lo drap de Carles el Gran de la història de l’emperador Constantí” y posteriormente también se le cita como “de Carlemany”, como tantas otras piezas de la catedral, no se sabe bien porqué.

Tampoco se sabe seguro su finalidad, unos piensan que era un baldaquino del altar mayor, otros que lo usaban para decorar alguna parte del templo en fiestas señaladas, incluso hay quien opina que se usó como alfombra para un importante concilio que se celebró en la catedral a finales del siglo XI, que es cuando se data más o menos la confección del tapiz. La verdad es que la singularidad de la pieza no se descubrió hasta el siglo XIX, y solo con fines eruditos y de investigación, y para entonces, ya estaba deteriorado.

Aunque se le llame tapiz, en realidad no lo es, se trata de una pieza de sarga de lino bordada con hilos de lana de colores con una técnica llamada “pintura a la aguja” o “punto de figura”, un tipo de bordado en punto de cordoncillo, aparecido en la Edad Media, con el que los hilos resiguen la silueta de la figura diseñada, o la llenan completamente, dándole la apariencia de un tapiz.

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Sobre la fecha y lugar de su confección también hay dudas. Se data entre el siglo XI y la primera mitad del XII y el taller de donde salió no se sabe, tal vez del sur de Francia o tal vez en la misma zona de Girona. Hay quien opina que fue un encargo de una dama noble y que lo bordaron en un monasterio femenino, y como siempre en estos casos, se intenta relacionar con mujeres famosas de la época, como Mafalda de Apulia, enterrada en la misma catedral.

Para entender mejor la iconografía, disposición y significado del tapiz debemos remitirnos a la idea medieval de que Dios era el Gran Creador del Universo, cuyo centro era la Tierra, alrededor de la cual estaban los siete cielos (el aire, el éter, el firmamento -con los cuerpos celestes-, el espacio ígneo, el cielo de los ángeles y el cielo de la Trinidad). El hombre de la Edad Media tenía una concepción divina de la Tierra, para ellos era un disco plano sobre el que estaban los cielos nombrados.

También nos remitimos a los manuscritos iluminados que extendieron por toda Europa las imágenes del Génesis bíblico, como el de Viena, proveniente de la Siria del siglo VI, o el Cotton Genesis, de la Alejandría del siglo IV o V. Imágenes de las que bebe el Beato de Liébana y que también podemos observar en el tapiz de Girona.

En el tapiz se representa el cielo y la tierra, lo humano y la naturaleza y la imagen cosmológica del mundo de los inicios de la Baja Edad Media, estas representaciones cosmológicas eran habituales y las podemos encontrar en otras piezas de la época.

La parte del tapiz que queda actualmente está formada por tres ciclos iconográficos: El Génesis, los Elementos Cósmicos y la leyenda de la Vera Cruz de Santa Elena., todo alrededor de la figura de Cristo Pantocrátor y creador del mundo. El significado de los tres ciclos es la búsqueda de la salvación.

La estructura es un círculo central dentro de un rectángulo, que, a su vez, está rodeado por unas franjas.

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El centro del tapiz es la figura del Pantocrátor, un hombre joven y sin barba, con atributos apocalípticos, de clara influencia bizantina, a su alrededor hay ocho escenas radiales, formando un círculo, que narran el Génesis, desde la creación del mundo hasta la creación de Eva. Podemos trazar una raya imaginaria horizontal que parta el círculo en dos, a la parte de arriba estarían los primeros días del Génesis (escenas 2 a 6), antes de la creación de los animales y el hombre (escenas 7, 8 y 9), que están en la parte de abajo. En estas escenas podemos ver claramente la influencia de los iluminados de Viena y el Cotton alejandrino. Todas las escenas convergen hacía la figura del Pantocrátor (1), para que quede claro que nos encontramos ante un círculo (cosmología) y no ante una figura anular.

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La transición del círculo central al rectángulo deja cuatro espacios triangulares en los que están bordados los cuatro vientos cardinales, representados como jovenes desnudos imberbes, a la manera de los puti romanos, con alas en la espalda y en los pies, soplando cuernos y cabalgando encima de botas de cuero. Los vientos, los podemos ver representados ya más o menos iguales en los sarcófagos paleocristianos.

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Y alrededor del rectángulo, hay unas franja con diferentes escenas que representan el paso del tiempo: en la parte horizontal superior está el año en el centro, representado por un anciano con barba que lleva debajo del brazo la rueda del tiempo y a su lado las cuatro estaciones, representadas como escenas agrícolas. A los extremos de la franja se representan dos ríos del paraíso, como unas jarras vertiendo agua. En las franjas verticales que envuelven el rectángulo por sus dos lados está el calendario, donde cada viñeta representa un mes, con escenas de caza, campo, alegorías o el mismo discurrir de la vida, siempre en concordancia al mes representado. Interrumpiendo el ciclo de los meses y, una a cada lado del tapiz, hay una representación del sol, como un helios arriba de una cuadriga y otra de la luna, donde se ven unos bueyes y el resto ha desaparecido.

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A mi muchas de las escenas bordadas me recuerdan a algunas de las pinturas murales del Panteón de los Reyes de San Isidoro León.

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La disposición de la representación del tiempo en las franjas superior y laterales, con las estaciones y los meses ya las podemos observar en las catacumbas, y aquellas ya son adaptaciones de las creencias paganas, así que esta simbología viene de muy antiguo.

En la franja horizontal inferior está el tercer ciclo del tapiz, con la leyenda del encuentro de la Vera Cruz por Santa Elena. Está muy deteriorada. Sabemos que la historia fue muy popular en la Edad Media, se escribió en martirologios y tratados de la Época, hay una versión muy detallada en la Leyenda Aurea de Iacobus de la Voragine, escrita en el siglo XIII.

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  1. Marina

    Gracias, fascinante y hermoso.

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