Renacimiento Español: Palacio del Infantado (Guadalajara)

Palacio_del_Infantado

Diseñado por Juan Guas en 1483

 

Fachada decorada a base de puntas de diamante romboidales o cabezas de clavos, con una portada descentrada a la izquierda y una galería corrida de balcones y garitones alternados coronando toda la fachada.

El siglo XV, bajo el reinado de los Reyes Católicos, es un tiempo de cierta indefinición artística ya que conviven en la península varios estilos artísticos diferentes por separado, según las zonas geográficas o según el uso que se le iba a dar a la obra, o también conviviendo entremezclados, por una parte el gótico y el mudéjar y por otra las nuevas tendencias renacentistas basadas en la antigüedad clásica que provienen de Italia.

Es entonces cuando parte de la nobleza se convierte en urbana al trasladarse desde zonas rurales a las ciudades,  cosa que hace que se construyan grandes palacios urbanos, exentos y ostentosos y se contrate a los más renombrados arquitectos para construirlos, comenzando a introducir elementos italianizantes y clasicistas en las estructuras góticas.

En esa línea, la importantísima familia Mendoza contrató a Juan Guas, uno de los mejores y más prolíficos arquitectos del siglo XV español, para que le construyera un palacio en Guadalajara.

Juan Guas el maestro mayor de las obras encargadas por los Reyes Católicos, construyéndoles, entre otros edificios, San Juan de los Reyes, su frustrado panteón real en Toledo. También trabajó en grandes monasterios y catedrales, convirtiéndose en el arquitecto de moda de la época y considerándose actualmente como el principal representante del gótico tardío, también llamado isabelino o toledano.

La fachada del Infantado es muy peculiar, como muchas obras de Guas, mezcla elementos góticos como los arcos apuntados junto con decoraciones de inspiración mudéjar y elementos plenamente renacentistas.

En su origen la fachada estaba pensada como pantalla de una gran plaza que tenía delante, como muchos palacios de la época, un espacio grande delante de la casa donde celebrar fiestas y diferentes actos. Observamos como la puerta principal está descentrada, a la izquierda, flanqueada por dos grandes columnas cilíndricas y coronada por un enorme escudo de los Mendoza con un hombre salvaje a cada lado en actitud de aguantarlo.

La mayoría de balcones y ventanas que vemos en la fachada así como los balcones de la primera planta, coronados con frontones triangulares clásicos, se deben a desafortunadas reformas posteriores, los segundos se abrieron en el siglo XVI.

En la línea superior, coronando la fachada hay una galería de ventanales profusamente decorados, donde se alternan dos ventanales con una garita saliente. La explicación de una decoración tan exuberante y recargada se debe al entroncamiento de la arquitectura hispánica con la árabe, y contrasta con la uniformidad del resto de la fachada, podemos observar columnillas, capiteles, antepechos y tracerías góticas y mocárabes, todo limitado al espacio de la galería. Respecto al resto de la fachada, se decora con cabezas de clavos dispuestas de manera que forman una especie de red de rombos que cubre todo el espacio debajo de la galería.

La fachada del Palacio del Infantado es una muestra exquisita del arte que se realizaba por aquella época en la península: una mezcla de estilos e inspiraciones.

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